Exploradores del cosmos

Hay una fuerza en nuestro interior que nos empuja a ir un poco más allá de lo que hemos ido antes. Es lo que nos lleva a conocer nuevos lugares, nuevas personas, a aprender nuevos conocimientos y vivir nuevas experiencias. Es lo que llevó a los exploradores de la antigüedad a conocer nuevos territorios que sirvieron a sus pueblos para abastecerse, alimentarse, migrar, asentarse, florecer…

A lo largo de la vida de nuestra especie sobre la Tierra (y por qué no pensar que desde antes, desde el origen de la vida, desde el origen de todo), nuestra conciencia tiene ese instinto que nos lleva a aventurarse a lo desconocido: será que sabemos que allí nos espera un nuevo espejo de nuestro propio ser; será que vemos en el misterio la más grande fuerza del universo y buscamos conocerlo, sumergirnos en él, con el afán de entrar en profunda conexión con la totalidad; será que somos exploradores del cosmos, cuya primera y principal misión consiste en llevar la experiencia de ser a un nivel más y más expandido…

¿En qué forma, cada uno de nosotros, puede canalizar esta fuerza para hacer de la propia vida una vía de expansión de la conciencia total?

Manteniendo el impulso hacia lo desconocido, el coraje de ir más allá, la curiosidad por conocer nuevas regiones del conocimiento y desafiando las fronteras que nos imponemos a nosotros mismos –y que a veces aceptamos que nos impongan los otros.

Seguir creciendo y expandiendo nuestros límites es la única manera de llevar nuestro auténtico ser hacia su máxima expresión, y así poder manifestar el arte que da sentido a todo.

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