El florecimiento interior, o por que escribo todo esto

Hace unos días, un lector frecuente de mis páginas de Facebook me envió un mensaje, cuestionándome acerca de la veracidad del calendario maya como tal. Como algunos de quienes leen este newsletter sabrán, y valga aún así comentarlo para todos, los mayas fueron un pueblo que, a la llegada de la invasión española a las tierras que vieron su esplendor, se habían disuelto. ¿Cómo se puede disolver un pueblo?, dirán: muchos creen que, simplemente, la unidad política que los nucleaba (esto es, la organización de gobierno que organizaba su sociedad), había alcanzado, tras un climax, una caída, y las «personas maya» se encontraron, ante los movimientos sociales de la época, mezcladas con otros pueblos, tanto autóctonos como -seguidamente- invasores europeos.

Y así fue que mucho del saber que los sacerdotes-científicos-pensadores mayas habían desarrollado (astronómico, matemático, arquitectónico, filosófico, espiritual, todo eso al mismo tiempo) se perdió, o al menos se perdió como un conjunto coherente.

Siglos después, en todo Occidente muchas personas comienzan a buscar en los modos de vida, las creencias y los saberes de la antigüedad una fuente de «algo mejor» para la vida actual, sobre todo urbana, que se está desmoronando en un sentido interior, espiritual. Los saberes de India, China, las Antiguas Europa y América, la pre-historia asiática y africana, vuelven a emerger gracias a pioneros de diversos campos de las ciencias sociales, la comunicación, la filosofía. La sabiduría maya es una de ellas.

Pero mucho se ha perdido en el proceso de conquista, por lo diluída que estaba la «idea de lo maya» al llegar la conquista. Y por los siglos siguientes de dominio cultura, religioso, político.

Las diversas líneas que buscaron recuperar partes del saber maya, lo hicieron por distintos caminos. Por eso, hoy existen distintas líneas que promueven una sabiduría acerca del tiempo, los ciclos, y la naturaleza interior de cada uno, desde una perspectiva llamada «maya». Vale la pena aclarar que el fenómeno de «lo maya» tuvo su lugar en un contexto, en un tiempo, y hoy solamente podemos hacer una relectura, y (sobre todo), una relectura que nos sirva, en el momento actual, para lograr lo que ellos lograron en su tiempo: que nuestro máximo potencial de felicidad, creatividad, responsabilidad con la comunidad planetaria, respeto y amorosidad, florezca en nuestro interior e irradie luz al mundo en que vivimos.

Agradezco aquel mensaje, que me dio la oportunidad de escribir esta editorial, que espero sirva a todos ustedes para comprender, un poco mejor, el propósito detrás de este newsletter, de mi trabajo en todas las áreas y de las personas que buscamos un cambio de perspectiva en el mundo actual.

Jaime San Martín Barzi

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