¿Qué es el Tzolkin?

Aunque solemos llamar “calendario maya” al Tzolkin, la palabra tzolkin no es maya. Es una adaptación actual de una palabra quiché (ch’ol q’iij, “el orden de los días”) que nos sirve para designar a un “calendario” de 260 días, hijo de la visión maya del tiempo, que asocia los ciclos del sol, la luna y las estrellas. Sin entrar en debates acerca de su origen, su veracidad como calendario ancestral y su vinculación con los pueblos de la antigüedad (puedes leer mi artículo al respecto aquí), comentaremos aquí cómo es y para qué nos sirve, hoy por hoy.

Ruedas del TzolkinLa forma más correcta de entender el Tzolkin es como la combinación de dos ruedas o engranajes, uno mayor, de 20 dientes, el otro menor, de 13 dientes (ver imagen). En su movimiento, la rueda pequeña irá haciendo coincidir sus dientes del número 1 al número 13 con los dientes del número 1 al número 13 de la rueda grande, y al llegar al número 14 de la rueda grande, será el diente número 1 de la rueda pequeña el que se encontrará con él. Haciendo un poco de matemáticas, llegamos a la conclusión de que, recién 260 movimientos después, la combinación será la misma. Esas 260 combinaciones son los 260 “kines” que conforman el Tzolkin.

Ahora bien, pongamos nombres: llamemos a la rueda grande, “Rueda de los Sellos”, y a la rueda pequeña, “Rueda de los Tonos”. Cada kin, entonces, estará compuesto por un Sello y un Tono.

En la Rueda de los Sellos, aprendemos a observar 20 arquetipos “solares”, vinculados con la energía esencial que el kin posee. En la Rueda de los Tonos, cada uno de los tonos “lunares” nos informan la manera en que ese arquetipo de manifiesta (se expresa o se pone en movimiento).

Conociendo el kin en el que una persona nació, podemos saber qué energías lo auspician, por lo que decimos que el kin en el que nació esa persona es “el kin de esa persona”. Aprender a leer el sentido del kin es complejo, aunque existen muchas palabras clave e imágenes, con las que podemos conectar con este conocimiento, que es muy poético e intuitivo. Cada persona hará una lectura sutilmente diferente del “significado” de un kin, y por supuesto, de cómo ese kin confiere energía a la persona. Aunque existen en internet muchas fuentes donde leer “cuál es mi kin y qué significa”, te recomendamos que lo preguntes a una persona que conozca del tema: con su Brújula Galáctica, esta persona buscará la fecha del Tzolkin en que naciste, y a través de este proceso, y de las palabras clave brindadas por la Brújula, intuirá cómo las energías del Sello y el Tono de tu nacimiento se aplican en tu caso particular.

En próximos artículos estaremos compartiendo más sobre el Tzolkin, para que puedas aprovechar todo lo que puede brindarte.

Jaime San Martín Barzi

 

 

 

Kines y cumplekines

Es común entre los occidentales conocer la fecha de cumpleaños de los amigos y parientes: es el día en que nació, que se repite año tras año, y sirve a veces para recordar el paso del tiempo, para marcar una pauta en la evolución personal, y para celebrar.
Pero ¿qué es el cumplekin? Muchos habrán leído por aquí o por allá este término, y es conveniente explicar de dónde viene y para qué sirve conocerlo.
Todo comienza con el Calendario Maya (o lo que llamamos “calendario maya”, quienes no lo conozcan pueden interiorizarse haciendo clic aquí). Dentro de este sistema, formado por muchas “cuentas”, existe el llamado Tzolkin, o “cuenta sagrada”.
El Tzolkin es un ciclo de 260 días, asociado con distintos procesos astronómicos. Cada uno de estos días, son llamados en lengua maya, “kines”. Cada “kin” indica qué día del Tzolkin es el día de hoy (como una tabla de equivalencia; por ejemplo, hoy, que es 11 de diciembre de 2015, es Humano Entonado Amarillo).
Del mismo modo que una persona ha nacido en un determinado día del mes en nuestro calendario, ha nacido en un día determinado del Tzolkin (por ejemplo, yo he nacido el día Águila Lunar Azul, por lo que “mi kin es Águila Lunar Azul”) , y eso habla de sus cualidades . Es algo así como una “astrología maya”.
Entonces, cada vez que transcurre un Tzolkin completo, 260 días, volvemos a “nuestro kin” (como en nuestro calendario, cada vez que pasa un año y volvemos al mismo día/mes, nuestro “cumpleaños”).
A este día lo llamamos “cumplekin”, y es un día para volver a conectar con la energía propia de nuestras cualidades, que está en nosotros como auspicio desde nuestro nacimiento. Y por supuesto, para celebrar.

Claves para expandir la visión del mundo

Los Trece Días del Águila (24/11/15 al 6/12/15) nos invitan a desplegar las alas y levantar vuelo. Esto significa, dejar la zona de confort en materia de nuestra visión del mundo: ir a buscar una nueva perspectiva implica hacernos preguntas nuevas, y buscar nuevas respuestas. Aquí, algunas claves poéticas que nos sugiere el Águila para estos días.

Claves para expandir la visión del mundo

  • Conéctate con el pensamiento superior, el mundo de las ideas; la meditación, la imaginación, el sueño y el arte son siempre los mejores canales.
  • Atrévete a cuestionar aquellas ideas fijas que hace tiempo están en ti: ¿sigues afirmando lo mismo que hace años? Escríbelo y luego –como si lo hubiera escrito otra persona– obsérvalo desde una perspectiva externa.
  • Activa tu sentido de navegación y dale forma a tu mundo: para poder volar con libertad, necesitamos contar con ciertos elementos básicos. Intenta construir un mapa de la realidad: ¿cómo es el mundo, según tu propia visión? Dibújalo, si es posible, a todo color.
  • Toma el comando del cambio radical: a partir de ahora, tomarás la decisión de transformar algo en tu núcleo de creencias: identifica una creencia que te haga daño, que te impida crecer, puede ser una creencia sobre ti mismo (“no soy lo suficientemente bueno en lo que hago”) o sobre el mundo (“en este país no se puede vivir de esto”), y desármala.
  • Equilibra las ideas con procesos concretos, para traer tu nueva visión del plano del pensamiento al plano material, e integra el mensaje: construye algo con lo que puedas mostrar a otros esta visión, puede ser escribiendo, pintando, filmando, cantando…
  • Lleva al mundo de los sueños una búsqueda específica, la propuesta de descubrir una verdad, una información o vivir una aventura que estés necesitando: prepara tu mente antes de dormir, relaja tu cuerpo y afirma tu propósito: “Esta noche soñaré…”. Por la mañana, registra lo que soñaste.
  • Con toda esta revolución en el plano de tus creencias y visión del mundo, estarás más cerca de tu auténtica esencia, y podrás liberarte progresivamente de las máscaras que –resíduos de los viejos tiempos, de antiguas identidades– seguían limitando la expresión plena de tu ser.
  • Comparte este salto evolutivo con tu comunidad: lo que antes has compartido con tu círculo, llévalo a la calle, hazlo público, súmalo a una iniciativa masiva –en un centro cultural, un movimiento artístico, un programa de radio barrial– para que la comunidad sepa que ese salto evolutivo es posible.

Así, estarás llevando a todos la idea de que una vida saludable se sostiene en el cambio, la transformación progresiva, la búsqueda de la verdad interior, la puesta en práctica de las ideas y el espíritu de comunidad.

Jaime San Martín Barzi

El florecimiento interior, o por que escribo todo esto

Hace unos días, un lector frecuente de mis páginas de Facebook me envió un mensaje, cuestionándome acerca de la veracidad del calendario maya como tal. Como algunos de quienes leen este newsletter sabrán, y valga aún así comentarlo para todos, los mayas fueron un pueblo que, a la llegada de la invasión española a las tierras que vieron su esplendor, se habían disuelto. ¿Cómo se puede disolver un pueblo?, dirán: muchos creen que, simplemente, la unidad política que los nucleaba (esto es, la organización de gobierno que organizaba su sociedad), había alcanzado, tras un climax, una caída, y las “personas maya” se encontraron, ante los movimientos sociales de la época, mezcladas con otros pueblos, tanto autóctonos como -seguidamente- invasores europeos.

Y así fue que mucho del saber que los sacerdotes-científicos-pensadores mayas habían desarrollado (astronómico, matemático, arquitectónico, filosófico, espiritual, todo eso al mismo tiempo) se perdió, o al menos se perdió como un conjunto coherente.

Siglos después, en todo Occidente muchas personas comienzan a buscar en los modos de vida, las creencias y los saberes de la antigüedad una fuente de “algo mejor” para la vida actual, sobre todo urbana, que se está desmoronando en un sentido interior, espiritual. Los saberes de India, China, las Antiguas Europa y América, la pre-historia asiática y africana, vuelven a emerger gracias a pioneros de diversos campos de las ciencias sociales, la comunicación, la filosofía. La sabiduría maya es una de ellas.

Pero mucho se ha perdido en el proceso de conquista, por lo diluída que estaba la “idea de lo maya” al llegar la conquista. Y por los siglos siguientes de dominio cultura, religioso, político.

Las diversas líneas que buscaron recuperar partes del saber maya, lo hicieron por distintos caminos. Por eso, hoy existen distintas líneas que promueven una sabiduría acerca del tiempo, los ciclos, y la naturaleza interior de cada uno, desde una perspectiva llamada “maya”. Vale la pena aclarar que el fenómeno de “lo maya” tuvo su lugar en un contexto, en un tiempo, y hoy solamente podemos hacer una relectura, y (sobre todo), una relectura que nos sirva, en el momento actual, para lograr lo que ellos lograron en su tiempo: que nuestro máximo potencial de felicidad, creatividad, responsabilidad con la comunidad planetaria, respeto y amorosidad, florezca en nuestro interior e irradie luz al mundo en que vivimos.

Agradezco aquel mensaje, que me dio la oportunidad de escribir esta editorial, que espero sirva a todos ustedes para comprender, un poco mejor, el propósito detrás de este newsletter, de mi trabajo en todas las áreas y de las personas que buscamos un cambio de perspectiva en el mundo actual.

Jaime San Martín Barzi

Calendario de las 13 Lunas

De todos los calendarios desarrollados por el pueblo maya, sobrevive hasta el día de hoy una cantidad de ellos, algunos mantenidos por quienes han heredado sus saberes generación tras generación, otros traídos a la vida nuevamente por los descubridores de los tesoros que este antiguo pueblo dejó oculto en las selvas de México y Guatemala.

El “Calendario de las 13 Lunas”, también llamado “Sincronario de las 13 Lunas”, es de entre todos ellos el que mejor nos permite conectar la experiencia moderna, urbana, actual, con la fuente de armonía que es la visión del tiempo de los sabios de la Antigüedad. O, en otras palabras, nos ayuda a “sincronizarnos” con el tiempo natural, el que se vincula directamente con los ciclos del Sol, la Luna, las estrellas y los procesos planetarios, agrícolas y naturales.

Este “Sincronario” tiene una duración de 365 días, igual que el calendario gregoriano (el que conocemos y utilizamos habitualmente). Pero, a diferencia de aquel, está formado por meses de duración idéntica, 28 días cada uno, llamados “lunas”, o meses lunares. Son en total 13 (de ahí el nombre de “Sincronario de las 13 Lunas”), quedando un día extra, que realmente está fuera del año, fuera de las lunas: el llamado “día fuera del tiempo” o también “día verde” (25 de julio) es la bisagra entre un ciclo y el siguiente, es el puente entre el año que se fue y el que vendrá. Está “fuera del tiempo” porque no pertenece a ningún año ni a ninguna luna, es un día libre, para agradecer todo lo recibido, desprendernos de lo que ya no necesitamos, y celebrar.

Este “día de ajuste” es así la víspera de un nuevo inicio: el 26 de julio es el día de comienzo del nuevo año, designado así por la alineación Tierra–Sol–Sirio que puede verse en el observatorio de Teotihuacán, México. Quienes han visitado este lugar tan especial en este día tan especial, dan fe de la energía que se percibe con todos los sentidos.

Cada año, el ciclo de 13 lunas nos lleva a vivenciar distintas frecuencias energéticas, que nos hablarán de nuestras circunstancias y de nuestro aprendizaje en el momento actual de nuestra vida. Por ello, es tan importante estar al tanto de esta forma de contar el tiempo, de vivir el tiempo.

Jaime San Martín Barzi


Te invitamos a vivir, cada 25/7, en donde estés, la experiencia “fuera del tiempo”: dedícate una hora o el tiempo que puedas a agradecer lo que ha llegado a ti en el año transcurrido, a dejar atrás los problemas y condicionamientos, preparándote para un “nuevo comienzo” y celebrando por la oportunidad de nuevas experiencias, aventuras y evolución que tiene para ti el año que inicia.

Exploradores del cosmos

Hay una fuerza en nuestro interior que nos empuja a ir un poco más allá de lo que hemos ido antes. Es lo que nos lleva a conocer nuevos lugares, nuevas personas, a aprender nuevos conocimientos y vivir nuevas experiencias. Es lo que llevó a los exploradores de la antigüedad a conocer nuevos territorios que sirvieron a sus pueblos para abastecerse, alimentarse, migrar, asentarse, florecer…

A lo largo de la vida de nuestra especie sobre la Tierra (y por qué no pensar que desde antes, desde el origen de la vida, desde el origen de todo), nuestra conciencia tiene ese instinto que nos lleva a aventurarse a lo desconocido: será que sabemos que allí nos espera un nuevo espejo de nuestro propio ser; será que vemos en el misterio la más grande fuerza del universo y buscamos conocerlo, sumergirnos en él, con el afán de entrar en profunda conexión con la totalidad; será que somos exploradores del cosmos, cuya primera y principal misión consiste en llevar la experiencia de ser a un nivel más y más expandido…

¿En qué forma, cada uno de nosotros, puede canalizar esta fuerza para hacer de la propia vida una vía de expansión de la conciencia total?

Manteniendo el impulso hacia lo desconocido, el coraje de ir más allá, la curiosidad por conocer nuevas regiones del conocimiento y desafiando las fronteras que nos imponemos a nosotros mismos –y que a veces aceptamos que nos impongan los otros.

Seguir creciendo y expandiendo nuestros límites es la única manera de llevar nuestro auténtico ser hacia su máxima expresión, y así poder manifestar el arte que da sentido a todo.

Iluminar

Transitando la Onda Encantada del Sol, tomamos la clave que este kin nos sugiere: iluminar. Pero entonces nos preguntamos ¿qué es iluminar?

Iluminar una cosa es poner luz sobre ella. Hablamos de iluminar, por ejemplo, una habitación, y decimos “encender la luz”, para poder ver. ¿Ver qué? Cosas que hay allí, y que, sin esa luz, no podíamos ver.

Lo mismo se aplica a nuestro mundo interno: iluminar un área (por poner un ejemplo, nuestros miedos) es poner luz sobre ellos, para poder ver con mayor claridad. Esto abre nuevas posibilidades de comprensión, pero sobre todo de acción, ya que, al ver más, podemos decidir con mayor libertad qué hacer.

Iluminar es llevar luz hacia las áreas oscuras de nuestro ser, de nuestro mundo interno pero también de nuestra vida cotidiana, para poder comprender, para poder trascender, para poder sanar.

¿Hacia dónde dirigir la luz?

En el escenario de un teatro, nuestra atención va allí donde la luz ilumina, y no observamos lo que está en sombras. Los reflectores nos indican dónde mirar (y, por ende, dónde no mirar). ¿Cuáles son los “reflectores” de nuestra vida cotidiana?

Muchas veces, la comodidad, la costumbre, las indicaciones de la televisión o de nuestros vecinos, nos dicen dónde mirar y dónde no, qué es importante y qué es una pérdida de tiempo. Y nosotros seguimos haciéndolo, seguimos poniendo la atención en esas direcciones, repitiendo patrones aprendidos, dejando que –al menos en apariencia– otros decidan por nosotros.

Debemos recuperar el comando sobre hacia dónde llevamos luz en nuestras vidas. Debemos recuperar la conciencia de que siempre somos nosotros los que elegimos, incluso cuando elegimos seguir un consejo, indicación o pauta. Si permitimos que otros nos digan dónde poner la atención (ya sea ese compañero de trabajo o la voz de nuestros padres en nuestra mente), estamos en realidad “decidiendo no decidir”. Y decidir es, en términos simples, la mayor atribución de nuestro ser.

Entonces, ¿Sobre qué aspecto de tu vida estás buscando llevar luz?

Jaime San Martín Barzi

 

¿Qué es el “Calendario Maya”?

Los Mayas fueron un pueblo que vivió en el actual territorio de México y Guatemala. A la llegada de los españoles, en el Siglo XVI, el tiempo de esplendor político, científico y cultural de los Mayas había concluido. Los conquistadores se ocuparon de silenciar lo que quedaba.

Sin embargo, mucha de su sabiduría y cultura sobrevivió en sus antiguos templos, sus sistemas de escritura y numeración, restos arqueológicos y descendientes. En tiempos recientes, numerosos investigadores se han interesado por la herencia que el pueblo Maya legó a la humanidad: un profundo desarrollo astronómico, matemático y una conexión única con el tiempo.

Uno de los investigadores que retomó estos temas fue José Argüelles, quien diseñó un sistema tomando buena parte del enfoque Maya del tiempo y sus conexiones con la vida humana, y traduciéndolo a un lenguaje útil para las personas de su época. El corpus teórico diseñado por José Argüelles y equipo se denomina “sistema del Encantamiento del Sueño” o “Dreamspell”, a veces llamado “calendario maya”.

El “calendario maya” del que hablamos hoy es, pues, el resultado de la fusión de los saberes ancestrales del antiguo pueblo Maya con la identidad, búsqueda y conciencia del tiempo presente y porvenir.

Existen tantas versiones de “calendario maya” como personas lo utilizan. Cada uno de los alumnos de Argüelles, y luego los alumnos de estos, refinaron el sistema y lo adaptaron a su propio enfoque de los conceptos Mayas, la búsqueda espiritual de su tiempo y las necesidades de crecimiento interior de su comunidad.

El sistema nos resulta especialmente útil para la búsqueda de la identidad energética de las personas; a través de sus diversas herramientas, nos revela un conocimiento que podemos aplicar en nuestra vida cotidiana, y así mejorar nuestro conocimiento de nosotros mismos y sincronizarnos con los ciclos del tiempo.

A través de diversas herramientas, prácticas, meditaciones y asociaciones, se buscan diversos objetivos: acceder al recuerdo de los patrones energéticos que están grabados en el propio ser, aprender a manifestar dones y talentos, afrontar los desafíos que se ha elegido transitar y llevar al máximo el potencial innato; todo esto puede realizarse en grupos de práctica y estudio, siguiendo las pautas de cursos y talleres, o con la asistencia y consejo del instructor en sesiones de trabajo personalizado.

El legado de los sabios del antiguo pueblo Maya está descubriéndose en la conciencia del tiempo que vivimos.

Jaime San Martín Barzi

Estaré compartiendo mis conocimientos sobre el Calendario Maya muy pronto, consultá los eventos haciendo clic aquí.