Claves para expandir la visión del mundo

Los Trece Días del Águila (24/11/15 al 6/12/15) nos invitan a desplegar las alas y levantar vuelo. Esto significa, dejar la zona de confort en materia de nuestra visión del mundo: ir a buscar una nueva perspectiva implica hacernos preguntas nuevas, y buscar nuevas respuestas. Aquí, algunas claves poéticas que nos sugiere el Águila para estos días.

Claves para expandir la visión del mundo

  • Conéctate con el pensamiento superior, el mundo de las ideas; la meditación, la imaginación, el sueño y el arte son siempre los mejores canales.
  • Atrévete a cuestionar aquellas ideas fijas que hace tiempo están en ti: ¿sigues afirmando lo mismo que hace años? Escríbelo y luego –como si lo hubiera escrito otra persona– obsérvalo desde una perspectiva externa.
  • Activa tu sentido de navegación y dale forma a tu mundo: para poder volar con libertad, necesitamos contar con ciertos elementos básicos. Intenta construir un mapa de la realidad: ¿cómo es el mundo, según tu propia visión? Dibújalo, si es posible, a todo color.
  • Toma el comando del cambio radical: a partir de ahora, tomarás la decisión de transformar algo en tu núcleo de creencias: identifica una creencia que te haga daño, que te impida crecer, puede ser una creencia sobre ti mismo (“no soy lo suficientemente bueno en lo que hago”) o sobre el mundo (“en este país no se puede vivir de esto”), y desármala.
  • Equilibra las ideas con procesos concretos, para traer tu nueva visión del plano del pensamiento al plano material, e integra el mensaje: construye algo con lo que puedas mostrar a otros esta visión, puede ser escribiendo, pintando, filmando, cantando…
  • Lleva al mundo de los sueños una búsqueda específica, la propuesta de descubrir una verdad, una información o vivir una aventura que estés necesitando: prepara tu mente antes de dormir, relaja tu cuerpo y afirma tu propósito: “Esta noche soñaré…”. Por la mañana, registra lo que soñaste.
  • Con toda esta revolución en el plano de tus creencias y visión del mundo, estarás más cerca de tu auténtica esencia, y podrás liberarte progresivamente de las máscaras que –resíduos de los viejos tiempos, de antiguas identidades– seguían limitando la expresión plena de tu ser.
  • Comparte este salto evolutivo con tu comunidad: lo que antes has compartido con tu círculo, llévalo a la calle, hazlo público, súmalo a una iniciativa masiva –en un centro cultural, un movimiento artístico, un programa de radio barrial– para que la comunidad sepa que ese salto evolutivo es posible.

Así, estarás llevando a todos la idea de que una vida saludable se sostiene en el cambio, la transformación progresiva, la búsqueda de la verdad interior, la puesta en práctica de las ideas y el espíritu de comunidad.

Jaime San Martín Barzi

Trucos para purificar tu energía

Si estás sintiéndote cansado, contaminado con la energía tóxica de tu entorno o de la ciudad donde vives, si tienes la sensación de que necesitas energía nueva, te proponemos algunos trucos para que mejores la calidad de tu energía.

  • Pasa tiempo en la naturaleza: es buena idea, cada vez que sea posible, pasar tiempo en contacto con la naturaleza. Toma tu almuerzo en una plaza, en lugar de hacerlo en la oficina. Camina cruzando un parque al volver a casa. Agéndate periódicamente un “retiro personal”, yendo a un lugar más apartado (un parque grande, donde no se vean edificios y no se escuche el tránsito, es suficiente, aunque quizá prefieras salir de la ciudad) cada vez que puedas.
  • Focaliza en tu respiración: una forma muy sencilla de meditación, consiste en llevar toda tu atención a la respiración, sintiendo el aire que entra por la nariz, llena los pulmones, luego sale, y eso se repite. Tómate uno o dos minutos cada hora para hacerlo y notarás la diferencia.
  • El agua: una ducha fría al llegar a casa es lo mejor para descargar la energía congestionada. Inténtalo: comienza con el agua fría, luego puedes cambiar la temperatura a tu gusto. Ese primer contacto hará que tu campo de energía se desprenda de las frecuencias densas acumuladas durante el día.
  • Relájate antes de dormir: la mejor opción es un buen masaje, pero si no tienen esta posibilidad, en el momento previo a dormir, ya en la cama, imagina un masaje en cada parte de tu cuerpo: si lo imaginas intensamente, la conciencia tomará eso como algo real, y el cuerpo se irá relajando.
  • Armoniza las partes que conforman la totalidad de tu ser: las disciplinas espirituales que observan la sabiduría natural te ayudarán a recordar que no somos solamente un cuerpo, o una mente: somos un campo de energía que se manifiesta en un amplio abanico de frecuencias, la armonía depende de que todas las partes estén alineadas. Existen terapeutas que pueden ayudarte en este proceso, aconsejándote prácticas que puedas llevar a tu vida cotidiana.
  • Permite que las cosas fluyan: mover el cuerpo es fundamental para que la energía esté en movimiento saludable. Pero también mover las emociones, manifestándolas, compartiendo con los afectos, diciendo lo que sentimos. Y la mente, pensando creativamente, buscando nuevas perspectivas, aprendiendo algo nuevo. Permite que las cosas fluyan y evitarás que la energía se estanque.

Por supuesto, aquí solo he mencionado algunos pocos trucos y claves. Es necesario que incorporemos esto a nuestra vida cotidiana. Así, estaremos colaborando con un mayor equilibrio en nuestro hogar, en nuestra comunidad y en nuestro planeta.

Jaime San Martín Barzi

La perspectiva de la historia

Es notable que recién en esta época estamos logrando adoptar una perspectiva revisionista acerca de las creencias que tenemos sobre las eras de la historia que nos precedieron. Conceptos tan estigmatizantes y dualistas como los de “edad de oro” o “edad oscura” se están relativizando, a la luz de nuevos descubrimientos pero, sobre todo, por un cambio en nuestra perspectiva acerca de los procesos históricos y culturales.

Seguramente, la percepción propia de las personas del tiempo en cuestión ha sido muy diferente a la idea que tenemos de su tiempo. Así, una persona natural del Medievo europeo seguramente no veía nada parecido a un “oscurantismo”. No veía una pérdida de valores que eran propios de los tiempos previos, ya fuera la ley romana, las costumbres germánicas o la religiosidad pagana. No veía tampoco los poderes que movían sus piezas en el continente y en los siglos, como ajedrecistas corporativos, los Estados Nacionales emergentes, la Iglesia, las Órdenes religiosas, las dinastías de mercaderes ennoblecidos…

El paso del tiempo brinda perspectiva –en el sentido de poder observar los hechos y momentos históricos como pasos o etapas de procesos mayores. ¿Cómo describirán nuestros descendientes, dentro de algunos siglos, los hechos y momentos que vivimos hoy en día, a la luz de una visión de procesos, contemplando la escala histórica y situando cada cosa en su lugar? ¿Qué dirán acerca de las corporaciones y colectivos que hoy influyen –muy concientemente– en el movimiento de las ideas, modas y tendencias?

Seguramente no podamos saberlo, es necesario el paso del tiempo para lograr perspectiva. Pero hagamos este ejercicio: pensemos que somos gente del futuro mirando este tiempo –del mismo modo que somos gente del “futuro” a los ojos de cualquier época histórica–, tomemos distancia del “espíritu de nuestro tiempo”, y formulemos algunas preguntas como “¿cuáles son las fuerzas en conflicto?, ¿qué personajes son –solamente– un títere de colectivos sociales o fuerzas sociohistóricas?, ¿cuál es el siguiente paso de este proceso histórico, siguiendo la tendencia que lleva este tiempo?”.

Puede que el resultado de este pequeño ejercicio nos resulte abrumador. “Qué época triste”, “había un gran potencial, pero fue desperdiciado”, “tendría que haber sido diferente”, “en otras manos habría habido resultados fenomenales”.

Ahora, recordemos una premisa sencilla, y mantengámosla presente todo cuanto nos resulte posible:

Podemos ser –somos– una fuerza sociohistórica. Nosotros decidimos en qué dirección nos movemos. Cada elemento hace al conjunto. Está en nuestras manos.

Jaime San Martín Barzi

Luna Lunar del Escorpión

escorpionLa Luna Lunar del Escorpión es el segundo de los 13 meses o “lunas” del Calendario de las 13 Lunas.
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Este tiempo, que inicia el 23/8 y culmina el 19/9, nos invita a descubrir las oposiciones y dualidades inherentes a nuestro propósito (a aquello que iniciamos con la Luna anterior). Un movimiento realizado genera una reacción -tanto interna como en el exterior, el contexto-: ¿qué comenzó, a la par de mi nuevo proyecto, camino o etapa, y me resulta desafiante? Lo que aparentemente se “opone” a nosotros, constituye una oportunidad maestra: es un desafío que busca ser superado, trascendiendo las oposiciones para encontrar allí la clave de aquello que debo aprender en esta etapa.
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“Como el escorpión, aprende a convertir ese veneno mortal en la senda de aprendizaje que te mostrará la estrategia de la supervivencia evolutiva.”

Jaime San Martín Barzi


Conoce más acerca del Calendario de las 13 Lunas haciendo clic aquí.

El florecimiento interior, o por que escribo todo esto

Hace unos días, un lector frecuente de mis páginas de Facebook me envió un mensaje, cuestionándome acerca de la veracidad del calendario maya como tal. Como algunos de quienes leen este newsletter sabrán, y valga aún así comentarlo para todos, los mayas fueron un pueblo que, a la llegada de la invasión española a las tierras que vieron su esplendor, se habían disuelto. ¿Cómo se puede disolver un pueblo?, dirán: muchos creen que, simplemente, la unidad política que los nucleaba (esto es, la organización de gobierno que organizaba su sociedad), había alcanzado, tras un climax, una caída, y las “personas maya” se encontraron, ante los movimientos sociales de la época, mezcladas con otros pueblos, tanto autóctonos como -seguidamente- invasores europeos.

Y así fue que mucho del saber que los sacerdotes-científicos-pensadores mayas habían desarrollado (astronómico, matemático, arquitectónico, filosófico, espiritual, todo eso al mismo tiempo) se perdió, o al menos se perdió como un conjunto coherente.

Siglos después, en todo Occidente muchas personas comienzan a buscar en los modos de vida, las creencias y los saberes de la antigüedad una fuente de “algo mejor” para la vida actual, sobre todo urbana, que se está desmoronando en un sentido interior, espiritual. Los saberes de India, China, las Antiguas Europa y América, la pre-historia asiática y africana, vuelven a emerger gracias a pioneros de diversos campos de las ciencias sociales, la comunicación, la filosofía. La sabiduría maya es una de ellas.

Pero mucho se ha perdido en el proceso de conquista, por lo diluída que estaba la “idea de lo maya” al llegar la conquista. Y por los siglos siguientes de dominio cultura, religioso, político.

Las diversas líneas que buscaron recuperar partes del saber maya, lo hicieron por distintos caminos. Por eso, hoy existen distintas líneas que promueven una sabiduría acerca del tiempo, los ciclos, y la naturaleza interior de cada uno, desde una perspectiva llamada “maya”. Vale la pena aclarar que el fenómeno de “lo maya” tuvo su lugar en un contexto, en un tiempo, y hoy solamente podemos hacer una relectura, y (sobre todo), una relectura que nos sirva, en el momento actual, para lograr lo que ellos lograron en su tiempo: que nuestro máximo potencial de felicidad, creatividad, responsabilidad con la comunidad planetaria, respeto y amorosidad, florezca en nuestro interior e irradie luz al mundo en que vivimos.

Agradezco aquel mensaje, que me dio la oportunidad de escribir esta editorial, que espero sirva a todos ustedes para comprender, un poco mejor, el propósito detrás de este newsletter, de mi trabajo en todas las áreas y de las personas que buscamos un cambio de perspectiva en el mundo actual.

Jaime San Martín Barzi

Preguntas y respuestas

Está en la naturaleza de todos los seres humanos el arte de hacerse preguntas. ¿Por qué llueve? ¿Cuándo comienzan a brotar las semillas? ¿Cómo llegan los animales a esos lugares en los que saben que abunda el alimento? ¿Por qué la luna a veces es delgada y a veces redonda?

Las preguntas que nos hicimos en la cuna de nuestra historia -de nuestra prehistoria, cuando aún contábamos historias junto al fuego, protegiéndonos del frío y de las fieras- siguen siendo vigentes hoy. Por supuesto, ustedes dirán, muchos de esos temas están ya tratados, descubierto el origen de tantos procesos, explicado por los sabios que nuestra especie ha producido en cantidad. Pero incluso aquellas preguntas que otros ya han respondido -y, especialmente, las preguntas más fundamentales-, son válidas para nosotros. Las preguntas son válidas: merecen ser preguntadas, una vez más, muchas veces más.

¿Quiénes somos? ¿Para qué hemos venido? ¿Hacia dónde iremos? ¿Qué nos motiva?

Preguntas que no tienen una respuesta definitiva que pueda leerse en un libro, repetirse de memoria “porque lo dijo un sabio”. Preguntas que cada día podemos repetir, y cuya respuesta puede no ser siempre la misma.

Los niños son en esto los maestros perfectos: como si fueran una cofradía de eruditos en un conocimiento secreto, comparten entre ellos este arte mágico de hacerse preguntas y proponer respuestas.

De ellos debemos aprender -o mejor dicho recordar, ya que todos hemos sido niños- este arte, este juego sagrado de intentar nuevas respuestas, de tener la mente abierta y dispuesta a nuevos horizontes, de disponernos a vivir la vida con inocencia y asombro, y participando activamente de la definición del mundo que nos rodea. ¿Parece arduo? Los niños lo hacen, podemos hacerlo todos.

Calendario de las 13 Lunas

De todos los calendarios desarrollados por el pueblo maya, sobrevive hasta el día de hoy una cantidad de ellos, algunos mantenidos por quienes han heredado sus saberes generación tras generación, otros traídos a la vida nuevamente por los descubridores de los tesoros que este antiguo pueblo dejó oculto en las selvas de México y Guatemala.

El “Calendario de las 13 Lunas”, también llamado “Sincronario de las 13 Lunas”, es de entre todos ellos el que mejor nos permite conectar la experiencia moderna, urbana, actual, con la fuente de armonía que es la visión del tiempo de los sabios de la Antigüedad. O, en otras palabras, nos ayuda a “sincronizarnos” con el tiempo natural, el que se vincula directamente con los ciclos del Sol, la Luna, las estrellas y los procesos planetarios, agrícolas y naturales.

Este “Sincronario” tiene una duración de 365 días, igual que el calendario gregoriano (el que conocemos y utilizamos habitualmente). Pero, a diferencia de aquel, está formado por meses de duración idéntica, 28 días cada uno, llamados “lunas”, o meses lunares. Son en total 13 (de ahí el nombre de “Sincronario de las 13 Lunas”), quedando un día extra, que realmente está fuera del año, fuera de las lunas: el llamado “día fuera del tiempo” o también “día verde” (25 de julio) es la bisagra entre un ciclo y el siguiente, es el puente entre el año que se fue y el que vendrá. Está “fuera del tiempo” porque no pertenece a ningún año ni a ninguna luna, es un día libre, para agradecer todo lo recibido, desprendernos de lo que ya no necesitamos, y celebrar.

Este “día de ajuste” es así la víspera de un nuevo inicio: el 26 de julio es el día de comienzo del nuevo año, designado así por la alineación Tierra–Sol–Sirio que puede verse en el observatorio de Teotihuacán, México. Quienes han visitado este lugar tan especial en este día tan especial, dan fe de la energía que se percibe con todos los sentidos.

Cada año, el ciclo de 13 lunas nos lleva a vivenciar distintas frecuencias energéticas, que nos hablarán de nuestras circunstancias y de nuestro aprendizaje en el momento actual de nuestra vida. Por ello, es tan importante estar al tanto de esta forma de contar el tiempo, de vivir el tiempo.

Jaime San Martín Barzi


Te invitamos a vivir, cada 25/7, en donde estés, la experiencia “fuera del tiempo”: dedícate una hora o el tiempo que puedas a agradecer lo que ha llegado a ti en el año transcurrido, a dejar atrás los problemas y condicionamientos, preparándote para un “nuevo comienzo” y celebrando por la oportunidad de nuevas experiencias, aventuras y evolución que tiene para ti el año que inicia.

Un salto evolutivo

Necesitamos dar un salto. Todos nosotros. Sí, es cierto: hay personas que ya lo han hecho, o que lo están haciendo justo ahora: felicitaciones, ha hecho falta mucho coraje.

Necesitamos un salto. Nuestro planeta lo necesita, nuestra sociedad lo necesita, nuestra comunidad, nuestro hogar, nuestro ser…

Un salto ¿de qué?

Un salto de evolución. Un salto que nos abra un nuevo camino. Un salto que baraje nuevamente las cartas de la oportunidad y nos permita jugar un juego nuevo.

Hace tiempo ya que esto sucedió por última vez. Posiblemente, cuando cambiaste de trabajo, o cuando concluíste un ciclo académico y comenzaste otro (por ejemplo, al entrar en la Universidad). Pero el que recordarás con más seguridad es el primero, cuando saliste de tu hogar familiar para empezar a vincularte con otro mundo, el mundo de “los otros” (ya fuera en una guardería, en el jardín de infantes, en la escuela primaria).

¡Eso sí que fue un salto! Las palabras que los adultos de tu familia comprendían no siempre eran claras para la maestra o para los otros niños; los pedidos no siempre podían satisfacerse del mismo modo; los ritmos, los lugares, los juegos, los vínculos, eran otros, diferentes. Nacía entonces una nueva etapa de nuestra vida: al mismo tiempo que dejábamos atrás un mundo (llamémoslo “la casa pequeña”, o “el hogar familiar”) para entrar a otro (“la comunidad escolar”, o “una pequeña-gran sociedad”), al mismo tiempo, digo, nosotros cambiamos: pasamos de ser el hijo (nieto, sobrino, ahijado) a ser un niño más, un ser más dentro de un grupo, una categoría en la cual mamá y papá, los abuelos, ya no estaban todo el tiempo mirándonos.

Que dejaran de estar mirándonos todo el tiempo, y que ahora la maestra y los compañeros nos hicieran preguntas nuevas (“¿cuál es tu color favorito?”, “¿qué animal te gusta más?”, “¿te gusta jugar en el arenero, leer, hacer cuentas, lanzarte por el tobogán, cantar, pintar…?”), todo esto nos permitió volver a tomar decisiones. Quizá en casa sabían ya las respuestas: “verde, elefante, pintar”. Pero ahora, en este nuevo mundo, podíamos explorar nuevas respuestas, nuevos juegos, nuevas actividades, nuevas personas… Podíamos elegir que, ahora, las respuestas eran: “rojo, cantar, Paulita, astronauta”. Porque junto con esta exploración, llegó la posibilidad de cambiar las preguntas, de habilitar nuevas, de dejar atrás algunas que ya no nos resonaban…

Este tipo de salto en la evolución de las personas, iba acompañado, en las culturas de la antigüedad (y aún hoy, en las que siguen rigiéndose por sus modos culturales ancestrales), de ceremonia. Una ceremonia, en este caso, un rito de pasaje, era un portal de paso entre una fase de la existencia y otra fase de la existencia. Se aplicaban cada vez que las personas pasaban de etapa: al comenzar a salir de cacería, al iniciarse la época fértil femenina, al casarse, al pasar de la adultez a la ancianidad… pero también al llegar a la existencia física, al nacer; y al dejarla atrás, al morir.

Este acompañamiento, del cual participaban todos en la tribu (o todo un grupo, como ser: los cazadores, o las mujeres, o los ancianos), era fundamental para que las personas comprendieran que ya no eran como solían ser, sino de otro modo. En otras palabras: ya no eran quien solían ser, sino nuevas personas. Era frecuente un cambio de nombre, con nuevos atributos refridos en él (“Suave Brisa” puede ser adecuado para un niño de voz suave, pero para un cazador es mejor “Flecha Veloz”). Ya no llamaban “mamá” a sus madres, cuando pasaban a la adultez: ahora eran pares y se llamaban por sus nombres.

Necesitamos un salto evolutivo. Necesitamos recordar la importancia de estos momentos especiales, y aplicar esta sabiduría a nuestra vida. Y esto es tanto a nivel comunitario como personal.

Cada cierto tiempo, llegamos a una fase en la que tenemos que volver a hacernos las preguntas fundamentales. ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué disfruto hacer? ¿Cómo colaboro con mi comunidad? Las respuestas que antes fueron válidas, probablemente hoy ya no lo sean.

Y en el proceso, las respuestas antiguas deben quedar atrás. Respuestas, decisiones, vínculos, espacios, trabajos… Muchas cosas pueden quedar atrás, y eso quizá nos atemorice: son conocidos, son “seguros”. Pero no son auténticos. Si las respuestas cambian, si la identidad ha dado un salto evolutivo, entonces debemos dejar atrás todo lo que está asociado a esa vieja identidad. Si no dejamos morir lo viejo, lo nuevo no puede florecer. Si no lo soltamos, estaremos dejando morir lo auténtico, la respuesta actual a esas preguntas, los deseos genuinos, los sueños del alma.

Necesitamos dar ese salto evolutivo, aunque cueste. Cuando lo logremos, descubriremos un tiempo de nuevas experiencias, de gran disfrute y alegría. Y seremos ejemplo radiante para otros, para que sepan que es posible, y que es positivo. Y, quizá, si deseamos ir un paso más adelante, podamos proponer en nuestro hogar, o en nuestra comunidad, o en el mundo, un gran salto evolutivo.

Exploradores del cosmos

Hay una fuerza en nuestro interior que nos empuja a ir un poco más allá de lo que hemos ido antes. Es lo que nos lleva a conocer nuevos lugares, nuevas personas, a aprender nuevos conocimientos y vivir nuevas experiencias. Es lo que llevó a los exploradores de la antigüedad a conocer nuevos territorios que sirvieron a sus pueblos para abastecerse, alimentarse, migrar, asentarse, florecer…

A lo largo de la vida de nuestra especie sobre la Tierra (y por qué no pensar que desde antes, desde el origen de la vida, desde el origen de todo), nuestra conciencia tiene ese instinto que nos lleva a aventurarse a lo desconocido: será que sabemos que allí nos espera un nuevo espejo de nuestro propio ser; será que vemos en el misterio la más grande fuerza del universo y buscamos conocerlo, sumergirnos en él, con el afán de entrar en profunda conexión con la totalidad; será que somos exploradores del cosmos, cuya primera y principal misión consiste en llevar la experiencia de ser a un nivel más y más expandido…

¿En qué forma, cada uno de nosotros, puede canalizar esta fuerza para hacer de la propia vida una vía de expansión de la conciencia total?

Manteniendo el impulso hacia lo desconocido, el coraje de ir más allá, la curiosidad por conocer nuevas regiones del conocimiento y desafiando las fronteras que nos imponemos a nosotros mismos –y que a veces aceptamos que nos impongan los otros.

Seguir creciendo y expandiendo nuestros límites es la única manera de llevar nuestro auténtico ser hacia su máxima expresión, y así poder manifestar el arte que da sentido a todo.

Iluminar

Transitando la Onda Encantada del Sol, tomamos la clave que este kin nos sugiere: iluminar. Pero entonces nos preguntamos ¿qué es iluminar?

Iluminar una cosa es poner luz sobre ella. Hablamos de iluminar, por ejemplo, una habitación, y decimos “encender la luz”, para poder ver. ¿Ver qué? Cosas que hay allí, y que, sin esa luz, no podíamos ver.

Lo mismo se aplica a nuestro mundo interno: iluminar un área (por poner un ejemplo, nuestros miedos) es poner luz sobre ellos, para poder ver con mayor claridad. Esto abre nuevas posibilidades de comprensión, pero sobre todo de acción, ya que, al ver más, podemos decidir con mayor libertad qué hacer.

Iluminar es llevar luz hacia las áreas oscuras de nuestro ser, de nuestro mundo interno pero también de nuestra vida cotidiana, para poder comprender, para poder trascender, para poder sanar.

¿Hacia dónde dirigir la luz?

En el escenario de un teatro, nuestra atención va allí donde la luz ilumina, y no observamos lo que está en sombras. Los reflectores nos indican dónde mirar (y, por ende, dónde no mirar). ¿Cuáles son los “reflectores” de nuestra vida cotidiana?

Muchas veces, la comodidad, la costumbre, las indicaciones de la televisión o de nuestros vecinos, nos dicen dónde mirar y dónde no, qué es importante y qué es una pérdida de tiempo. Y nosotros seguimos haciéndolo, seguimos poniendo la atención en esas direcciones, repitiendo patrones aprendidos, dejando que –al menos en apariencia– otros decidan por nosotros.

Debemos recuperar el comando sobre hacia dónde llevamos luz en nuestras vidas. Debemos recuperar la conciencia de que siempre somos nosotros los que elegimos, incluso cuando elegimos seguir un consejo, indicación o pauta. Si permitimos que otros nos digan dónde poner la atención (ya sea ese compañero de trabajo o la voz de nuestros padres en nuestra mente), estamos en realidad “decidiendo no decidir”. Y decidir es, en términos simples, la mayor atribución de nuestro ser.

Entonces, ¿Sobre qué aspecto de tu vida estás buscando llevar luz?

Jaime San Martín Barzi